La salida del refugio – Empatía con el nuevo… 1ª Parte

Cada historia es distinta. Cada perr@ tiene su propia mochila, su propio pasado, sus propios miedos y experiencias. Os invito a ponernos en la piel de un peludo cualquiera, sin ningún tipo de problema de conducta. Hagamos un ejercicio de empatía, poniéndonos en su lugar, y acompañémosle en el proceso. Con mayor o menor atino, en las próximas entradas iremos poniéndonos en su piel. Espero que sirva de reflexión para adoptantes pasados, presentes y futuros. Sea perro de refugio, de tienda, de criador, o de calle… tendrán más de un sentimiento y pensamiento en común.

UN DÍA SE DESPIERTA EN EL ALBERGUE…

«Han venido unos humanos a verme, no me quitaban el ojo de encima y me decían cosas en tonos extraños que no entendía. Yo les estaba pidiendo que hablaran más bajo y se alejaran un poco, me estaban asustando pero deben hablar en otro idioma porque no nos estamos entendiendo, han empezado a acercarse y no paraban de llamarme. No entiendo qué pasa, todos los días son iguales. Los perros de mi alrededor están ladrando, pero ellos han tenido la suerte que no les han molestado. Me ha tocado a mi. Como ayer. Como la semana pasada. Como la anterior. Vienen extraños y se paran justo delante de mi chenil. ¿Por qué se tienen que parar justo aquí y no con otro perro? Me han sacado a dar mi paseo pero siguen comportándose de manera muy extraña. Siguen hablando muy alto. Hacen muchos aspavientos. Siguen llamándome todo el rato. Para un rato que tengo a solas y no paran de seguirme…. Bueno, mañana será mejor seguro. ¡Menos mal! Ya es hora de volver a casa, me está esperando la comida, agua limpia, y con suerte hoy habrá hueso de postre. ¿Qué hacen estos? ¿Por qué tienen unas cuerdas en la mano? Les pido que me dejen ir, pero de nuevo no me hacen caso. Me cogen las patas y no las sueltan. Meten mi cabeza entre esas cuerdas. Ya han parado, menos mal. Acabo de escuchar un «click». No me ha gustado nada, me piro de aquí corriendo. He salido corriendo pero no sé porqué…. algo ha impedido que pueda huir. Los humanos están lejos. Nadie me está sujetando. ¿Será la cuerda larga esa? Voy a probar a moverme despacio a ver si así consigo volver a casa. Esa cuerda me acaba de dar un tirón enorme. Me están alejando de mi casa. Intento volver pero la cuerda me está arrastrando hacia una casa muy rara con ruedas. Les explico que no quiero subir pero me cogen en brazos y me empujan hacia dentro. Cierran la puerta pero suena mucho más fuerte que la de mi casa. Estoy asustado pero al menos los humanos han desaparecido. Se abren dos puertas que no sabía que había y entran los humanos. ¿Cuántas puertas tendrá esta casa? Siento como la casa empieza a vibrar y se enfada, la casa está sonando mucho. Tranquila casita, no te enfades, no quiero hacerte nada. No me hace caso, sigue vibrando y haciendo mucho ruido. No me ha entendido, porque encima ha empezado a andar. Quiero salir de aquí. Se lo digo a la casa. Se lo digo a los humanos. Nadie me hace caso. Estoy muy nervioso. No para de hablarme la casa. No paran de hablarme los humanos. Me empiezan a tocar los humanos. Parad por favor. Quiero volver a mi cama, tenía frío, los perros me asustaban, pero esto es mucho peor. ¿Cuándo vamos a volver? ¿Dónde me están llevando? ¿Cómo les puedo decir lo asustado que estoy? ¿Por qué nadie me escucha?»

Continuará…

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