Entender para empezar a comprender…

Reforzar conductas, condicionamiento instrumental, condicionamiento clásico, Pavlov, estímulos positivos, contracondicionamiento, desensibilización sistemática…. Son términos que se están usando frecuentemente en el mundo canino, pero desgraciadamente no se comprenden en la práctica por gran parte de los propietarios e incluso profesionales, derivando en intentar solucionar conductas “molestas” de manera incorrecta.

Lo primero que debemos ver es si la conducta a cambiar se debe a un factor emocional (ej. Miedo) o es una conducta pensada (ej. Quiero que me den ese hueso tan rico que tienen guardado).

Pongamos un ejemplo humano. A Pepote le gusta correr. Pepote sale todas las mañanas a entrenar para una carrera de 800m. Pepote se esfuerza. Pepote quiere quedar el primero. El día de la carrera, Pepote se prepara en la línea de salida y aparece un tigre de bengala (Pepote vive en Nepal, ¿no os lo había dicho?).

¿Qué hace Pepote entonces? Corre, corre como nunca lo había hecho antes. Pero cuando llega a la línea de meta, Pepote sigue corriendo, le intentan dar su medalla pero corre hasta llegar a su casa.

¿Corría en este caso para conseguir algún premio o beneficio, o en su defecto se debía al miedo?Este caso inventado (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia) se traslada día a día al mundo canino.

En muchas ocasiones, los profesionales simplifican las conductas de los perros en “lo haces bien, te doy un premio”, “lo haces mal, debes ser corregido o castigado” SIN TENER EN CUENTA la base de la conducta.

¿Crees que Pepote habría dejado de correr si un policía le hubiera amonestado con una multa? NO, en ese momento lo único que podía hacer era correr, no era momento de pensar.Entonces, ¿porqué se piensa que un perro que tira de la correa debe recibir un tirón seco? ¿Porqué se grita a un perro que muerde ansiosamente la pata de una silla? ¿Porqué se grita “¡NO!” a un perro que ladra a una persona mientras retrocede para esconderse?

Los castigos y correcciones nunca son la solución, pero si encima la base de la conducta es emocional, no hay por donde cogerlo. El perro recibirá que en ciertas circunstancias podemos ser peligrosos, se asustará (más de lo que está), incrementarán aún más los niveles de estrés… entre otras muchas cosas, y si se diera el caso que dejara de hacer la conducta, será única y exclusivamente porque tiene más miedo de la consecuencia de seguir haciendo lo que estaba haciendo que del motivo por el que había iniciado esa conducta (no son para nada buenas noticias).

Dejemos de luchar en contra de nuestros pequeños de cuatro patas, y empecemos a ser su solución, su soporte, su ser especial al que acudir cuando se sientan inseguros o tengan algún tipo de problema.

Existen métodos 100% amables con los que jamás, JAMÁS, tendrás que regañar ni castigar a tu perro. Haz caso de tu empatía, y duda del que te sugiera que hagas cualquier acto que produzca cualquier tipo de malestar en tu protegido, sea un amigo, un experto en el parque, o un profesional.

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