El cuento del Gran Chamán (Centros Caninos)

Os voy a contar un cuento. Un cuento para mayores. Un cuento real cuyos nombres son inventados. Un cuento en el que aparece un perro, una familia preocupada y un centro canino de prestigio. Un cuento en el que relativamente se ha tenido suerte, pero en otros muchos cuentos no tienen la ventura.

Érase una vez una familia que decidió incorporar a su familia a un Pastor Belga Malinois. Pepo y Pepa querían a un cachorro porque así no tendría problemas de su pasado y podrían «hacerlo» a su medida. Pepo y Pepa estaban muy contentos, al fin conocieron a una bolita de pelo llamada Popa. Popa era adorable, como todos los cachorros. Lo que no sabía Popa es que tenía poderes mágicos, pero estos poderes podían ir unidos a una peligrosa maldición; los Chamanes de la zona advertían que mucho cuidado debían tener para quedarse con los poderes, pero acabar con la maldición.

Haciendo caso de los Chamanes, Pepo y Pepa intentaron todo lo que estaba en sus manos, pero la maldición cada vez se hacía más fuerte, y los poderes más débiles. Desesperados, acudieron a la casa del Gran Chamán, un lugar mágico donde los perros entraban con problemas, y salían reformados. No era barato, nada barato, pero Pepo y Pepa vendieron varias habichuelas mágicas y así pudieron dejar a Popa una temporada con el Gran Chamán. Las promesas eran claras: la maldición de Popa acabaría, y quedaría únicamente su gran poder.

Contaba al principio que en este cuento el chuchi ha tenido relativa suerte. Suerte porque Popa se escapó de la casa del Gran Chamán pasados pocos días. Popa fue vagando aterrorizada por las calles de la aldea, con un bozal puesto, con una cadena de hierro en el cuello que había conseguido romper con sus poderes y pidiendo a todos los aldeanos que no se acercaran, ya la habían hecho demasiado daño.

Una protectora de la zona acudió al rescate y pudo coger a Popa. El Gran Chamán no vio oportuno de avisar a la familia que se había escapado, aunque había sido varias horas antes.

El cuento de Popa termina con la familia acudiendo rápidamente a buscarla. Pepo y Pepa vieron que Popa estaba mucho peor de cómo entró a la casa del Gran Chamán. Popa tuvo suerte y salió rápido de allí. Otros perros no tienen la misma suerte.

Existen muchos centros que se aprovechan del desamparo de las familias que tienen como miembro a un perro con problemas. Los precios son desorbitados (tendrá que ser bueno entonces), y prometen solucionar todos los problemas de conducta del chucho en varias semanas o meses.

Lo que no cuentan es que en muchos centros de este tipo lo que hacen es poner un bozal al perro (para evitar que se defienda de todo lo que le van a hacer), atarle permanentemente a un árbol o poste, y día tras día van a ir rompiéndole emocionalmente. Una vez el perro está «roto», intentarán recomponer las piezas eliminando las conductas indeseadas. No voy a describir los métodos que se utilizan para no quitaros el sueño, tampoco tendría espacio para escribirlas (es increíble la imaginación y la crueldad que pueden llegar a tener algunos seres humanos).

Y aquí tenemos dos opciones:
– El perro acaba «pasando por el aro» aterrorizado = «Hemos modificado sus conductas pero tranquil@, todo en positivo. Ya no tiene problemas».
– El perro se defiende sin cesar y no tiene solución = «Es tremendamente dominante/su genética le impide vivir con el ser humano bajo su mandato / Es el primer caso que me encuentro así, no tiene solución».

¿Qué tienen en común ambos resultados? El perro sufría esas conductas como síntoma de un estado emocional alterado, cuya base se encuentra casi al 100% en el estrés, miedo y/o dolor. ¿Qué hacen para solucionarlo? Inundar al perro con más estrés, más miedo, y más dolor.

¿Qué consecuencias tendrá para el perro? Pase o no pase «por el aro», nos encontraremos a un perro aterrorizado, que en muchos momentos se orinará simplemente con escuchar su nombre, un perro que no se atreve a comunicarse por miedo a las consecuencias que puede traer, un perro contenido, un perro que sufre, un perro en el que en su interior, se pregunta qué ha hecho él para que le traten así, un perro que ha dejado de ser perro.

No me hartaré de repetirlo, la base del vínculo se basa en total ausencia de miedo. La base de la educación del perro se basa en el respeto y la empatía. La modificación de conducta trata síntomas, las conductas ocurren por algo = trata ese «algo» y la conducta cambiará. Un perro se comportará de manera diferente en función del entorno en el que esté, por ello es FUNDAMENTAL trabajar con el perro en el lugar donde vive. Y lo diga quien lo diga, no hagas absolutamente nada que provoque el más mínimo malestar, miedo o dolor a tu protegido.

Gracias por leer hasta el final, y lo siento de corazón Popa, lo siento por todos los chuchos que pasan por estas situaciones.

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